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CASA BRUMA

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CASA BRUMA

Un refugio en concreto

Con algunos aires que recuerdan al monumento prehistórico de Stonehenge en Inglaterra, Casa Bruma en México es una explosión de originalidad y buena arquitectura. Desarrollada por la arquitecta Fernanda Canales en conjunto con Claudia Rodríguez, esta construcción responde a tres requisitos fundamentales: construir en un bosque sin talar ningún árbol; abrirse tanto al sol de la mañana como al de la tarde; y conseguir que cada parte del programa tenga cierta independencia.

 

La historia parte así, como cualquier proyecto. Un cliente, llama a una arquitecta para que desarrolle una segunda vivienda para una familia de Ciudad de México. Ellos querían tener una casa fuera de la ciudad para escaparse de la vorágine los fines de semana, por lo que la arquitecta pensó que sería un proyecto normal. Eso hasta que llega al terreno, un alejado pedazo de tierra rural en el que existía un gran bosque, el que le estaba prohibido talar. Fue así como comenzó el desafío, y junto a Rodríguez comenzaron a pensar en alguna estrategia que les permitiera construir sin botar ni un solo árbol. El resultado fue crear nueve bloques –usando los claros del bosque-conectados entre sí, los que forman “Casa Bruma”. Otro desafío fue el clima, ya que en esa parte de México las mañanas y noches son muy heladas, por lo que necesitaban aprovechar al máximo la luz solar. Es así como cada “pabellón” rota en función de las vistas, la orientación, la topografía y la posición de los árboles, y que van acomodando los distintos espacios.

La sensación de unidad  del conjunto se consigue mediante la disposición en torno a un gran patio central, haciendo uso de una paleta limitada de materiales: vidrio, madera, piedra y, sobre todo, hormigón en color negro que dota al conjunto de una imagen reconocible, a veces high-tech y otras como si los visitantes encontraran una antigua civilización abandonada. Canales quería entregar una sensación atemporal y muy natural, para que las personas no supieran si la casa estaba nueva o ya llevaba varios años en el lugar, querían que se fundiera con el paisaje finalmente.

Al crear espacios pensados para diferentes funciones, las arquitectas pensaron que necesitaban crear diversos niveles, lo que fue entregado de manera orgánica por el terreno, es así como las cuatro estructuras que se sitúan al este –garage, salita de estar, cocina y una pieza de niños- poseen techos verdes, para no entorpecer las vistas de las estructuras que se encuentran más arriba. La cocina esta unida a través de una gran pasarela de vidrio que la conecta al espacioso living-comedor, que cuenta con sillones de cuero y sillas Butterfly un ícono del diseño creado por los arquitectos argentinos Bonet, Kurchan y Ferrari.

En el interior predomina el concreto negro, la piedra y la madera, la que entrega calidez, contrastando con la frialdad del exterior. La idea era generar una segunda vivienda que priorizara la privacidad de sus habitantes y usara materiales nobles de bajo mantenimiento, pensando en que su uso se concentra solo en fines de semana y vacaciones.