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HOTEL SANTA CLARA

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HOTEL SANTA CLARA

Hotel Santa Clara 1728

Anclado en una zona privilegiada, se encuentra a tan solo metros de uno de los mercadillos populares más insignes de la ciudad, reflejando las usanzas más antiguas de la vieja Europa.

Para los que están cansados de las recepciones de los hoteles con sus instrucciones, de los horarios de desayuno, del trajín en los lobbies de los hoteles, de la falta de paz, de espacio, de estética, de buenos materiales y de silencio, no puede haber nada más adecuado que estas 6 suites, que van desde las de 50 m2 hasta las de 90 m2. En la entrada, en lo que antaño fueran las caballerizas, nos da la bienvenida el imponente arco de la escalera que da a los tres pisos y el silencio absoluto. A la derecha, con la puerta abierta, el amplio comedor para 20 personas en una mesa única, como en una casa, en la que se sirven los desayunos, sin horarios, como en casa.

Este pequeño palacio transformado en hotel encuentra en el centro histórico de la ciudad de Lisboa, en el barrio árabe de Alfama y a pasos de la Feria da Ladra el “rastro de Lisboa”, se ha transformado en refugio de turistas curiosos que desean una experiencia diferente y verdaderamente amena, en la cual no se sientan como exiliados sino como exploradores deseosos de familiarizarse con las costumbres que han configurado el modus vivendi de la antigua ciudad. Ese lugar es Santa Clara 1728, un hotel cuya historia se remonta al siglo XVIII y cuyos dueños, João y Andrea Rodrigues, en compañía del reconocido arquitecto Manuel Aires Mateus, se dieron la tarea de restaurarlo, convirtiéndolo así en un cómodo espacio que se adapta a las necesidades contemporáneas, sin olvidar los orígenes y la tradición que se encierra entre sus muros. Si bien aún existen serias dudas, por una cuestión que todavía está sin dilucidar, sobre la conmemoración de la fecha inscrita en la piedra de la fachada -1728- . La duda es si esta casa u otra anterior a ella sufrió, y probablemente superó, el terremoto de 1755. Fecha clave en la ciudad y en la arquitectura en Lisboa.

Pero las dudas no importan y son parte de la gracia de este lugar en el que sus dueños junto al arquitecto Manuel Aires Mateus lograron recuperar y transformar.

Jugando con los volúmenes y la incidencia de la luz en el lugar, el arquitecto conservó las bóvedas que sostienen el palacio y las columnas corintias que emergen de las paredes. En toda su estructura se pueden apreciar acabados naturales que resaltan su interior, evocando una imagen que nos remite a la estética grecolatina y romana. Siendo el blanco el color preponderante, la sensación de luminosidad que se percibe evoca una paz y tranquilidad inolvidables en cada una de sus seis cómodas suites decoradas con muebles que se adecuan a las necesidades de sus huéspedes.

Si se desea tener una vista privilegiada, algunas de las habitaciones exhiben, a través de sus ventanas, el río Tagus, o si se prefiere, el Panteón Nacional. Para sus dueños, el cuidado de la naturaleza también es un factor primordial, es por ello que han cultivado un hermoso jardín del cual se puede disfrutar en el momento que se desee, ya sea para hacer largas lecturas o establecer interesantes conversaciones con los más allegados. Un comedor central en la planta baja se dispone para celebrar el ritual de la comida –la cual proviene de la granja de los Rodrigues– en compañía de otros huéspedes, sus dueños y el chef de la casa, José Miranda, quien tras su paso por Amberes, aporta una visión muy biológica, orgánica, vegetal, con productos crudos, semillas, aunque  muy creativa, saludable y sabrosa al cuidar mucho la materia prima en la elaboración de sus platos.