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MUSEO AFRICANO: MOCAA

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MUSEO AFRICANO: MOCAA

El MoMA de Africa

En septiembre s del año pasado se abrió al público el Zeitz Museum of Contemporary Art Africa, conocido como MOCAA, museo que alberga más de 100 salas de exposiciones de arte contemporáneo africano, obra del arquitecto londinense Thomas Heatherwick.

Si bien el MOCAA no es el primer museo de su tipo en el continente negro, si es la institución más grande, ya que posee 100 galerías esparcidas alrededor de sus nueve pisos –en el último piso se encuentra un hotel boutique-. Esta institución sin fines de lucro se enfoca en el arte africano del siglo XXI exclusivamente y posee una gran colección privada del Zeitz, como el crítico de arte Sean O´Toole ha dicho: “la colección es muy pop y gráfica”, con obras que en su mayoría son post 2010 y están dominadas por jóvenes artistas de Sudáfrica, “la que no es necesariamente la voz que más puede contar la complicada y multicultural historia de África”, enfatiza O´Toole, pero para el director ejecutivo y curador del Zeitz, Mark Coetzee esto no es así, ya que. “el Zeitz debe ser una plataforma para África y todos sus artistas de que cada uno pueda contar su propia historia y participar así en el relato. Y si bien elegimos Ciudad del Cabo por un tema netamente geográfico, está dialoga permanentemente con los 54 estados africanos”, asegura.

El museo, proporciona a los artistas sudafricanos un escenario inigualable para dar a conocer su trabajo al público, ocupa el cuerpo inferior de un histórico edificio de la ciudad, un silo de grano construido en los años veinte, en desuso desde finales del pasado siglo, todo un hito en el frente marítimo de la ciudad, un ejemplar del patrimonio de su pasado industrial.

El proyecto respeta en la medida de lo posible el edificio original, la gran estructura de 42 silos de hormigón, adaptándolo a las necesidades de los nuevos espacios, aprovechando los condicionantes impuestos por la preexistencia. Para ello, la idea de proyecto se basó en “tallar” un gran espacio central diáfano en el interior de la infraestructura, a modo de atrio, iluminado cenitalmente mediante lucernarios dispuestos en la parte superior de los cilindros de hormigón, introduciendo la luz natural hacia el interior como si del cimborrio del crucero de una catedral se tratase.

Este núcleo de circulación conecta con las numerosas galerías expositivas abiertas en el edificio, con las restantes salas que dan servicio al mismo y con los espacios de almacenamiento.

La conservación del carácter propio del edificio, su materialidad y el tratamiento de la luz han sido algunas de las premisas del proyecto. La combinación de la luz natural y artificial desempeña un papel vital en la percepción del gran atrio central, mientras que el edificio, desde el exterior, adquiere una nueva presencia nocturna gracias a los grandes ventanales almohadillados que caracterizan las plantas superiores, ocupadas por un lujoso hotel, y que permiten que el edificio quede iluminado desde el interior a modo de faro durante la noche.